En un flujo automatizado, la IA suele ocupar el rol de “cerebro” del sistema. Es capaz de entender información no estructurada, como correos, documentos o imágenes, y convertirla en datos accionables. Una vez que esa información está procesada y clasificada, es el RPA quien actúa de manera inmediata y precisa, ejecutando las acciones necesarias sin intervención humana.