No es raro que los profesionales más jóvenes adopten con rapidez nuevas herramientas, metodologías ágiles o plataformas de colaboración, mientras que otros miembros del equipo, con años de experiencia resolviendo problemas complejos, prefieren procesos ya probados. Ninguna de las dos posturas es incorrecta, pero si no se equilibran, generan choques innecesarios.