En el mundo tecnológico actual, el conocimiento tiene fecha de caducidad. Las herramientas, lenguajes y metodologías evolucionan tan rápido que lo que hoy es una tendencia, mañana puede ser historia. Frente a este panorama, las empresas que logran mantenerse competitivas son aquellas que entienden que aprender no es un evento aislado, sino un proceso permanente.