Para entenderlo mejor, vale la pena distinguirlos de los datos transaccionales. Una factura es un dato transaccional: registra un hecho puntual que ocurrió en una fecha. Pero esa factura se apoya en datos maestros: el cliente al que se le vendió, el producto facturado, su precio de lista y la sede desde donde se despachó. Si el registro del cliente está duplicado o el código del producto está mal, el error se replica en cada transacción que lo usa.