Muchas empresas invierten en un dashboard de inteligencia de negocios, contratan un proyecto de automatización o implementan un asistente con inteligencia artificial, esperando resultados inmediatos. Meses después, los reportes no cuadran entre áreas, el robot de automatización se detiene por errores en la información de origen, o el modelo de IA entrega respuestas poco confiables. El problema casi nunca está en la herramienta elegida: está en la gestión de datos empresariales que la alimenta.