Las empresas modernas enfrentan un problema silencioso pero crítico: sus sistemas hablan entre sí como si estuvieran en una sala de espera, esperando turno para preguntar «¿ha cambiado algo?». Este modelo, conocido como arquitectura «Pull», genera cuellos de botella, latencia y rigidez operativa que en mercados competitivos se traducen directamente en pérdida de oportunidades.